jueves, 20 de octubre de 2016

Carta dirigida al personal de puertas de urgencia

Al médico / enfermero / auxiliar de puertas de urgencia: 

El motivo de mi carta es que las personas a las que va dirigida hagan una reflexión, y ojalá sirva para motivar un pequeño cambio.
Trabajo los últimos 17 años en una residencia. Entre otras cosas, mi rutina diaria consiste en mejorar el día a día de estas personas. Lo considero un trabajo gratificante, un trabajo que me hace venir todos los días motivada a trabajar y sobre todo un trabajo que me hace muy feliz.
Cada persona que vive en el centro tiene una historia, un carácter, unos gustos y unas alegrías y unas penas. Pero todos, se merecen que tanto yo como mis compañeros estemos pendientes de ellos cada uno de los días que viven con nosotros. 
Tampoco quiero decir que todo sea bonito ni un camino de rosas. Hay ocasiones en las que además de recibir cariño, surgen situaciones menos agradables. Ya sea por la propia patología de la persona mayor, o por cómo gestiona las emociones la familia.
Pero, ¿sabes que es lo peor? ¿Sabes que es lo que más me duele de mi trabajo? 
Pues que Tú qué no me conoces de nada, que no conoces mi trabajo, ni mi implicación, ni sabes si lloro cuando fallece una persona, ni si tengo problemas personales, ni si mi contrato se acaba, ni absolutamente nada...... Tú, que cuando una persona se pone malita y te la derivo, eso sí..... con toda la información que podemos, sus antecedentes, su medicación, sus constantes......, Y tú, lo primero que haces es mostrar tu desprecio hacia "la residencia". Ofreces una opinión y emites un juicio que nadie te pide. La cual, no es necesaria ni en tu trabajo, ni para el estado de la persona ni para los nervios de su acompañante. Y es entonces cuando das por supuestas un montón de cosas “generalmente erróneas” que solo sirven para hacernos daño a todos: supones que va sucio, ulcerado,  deshidratado, desnutrido, ....... Pero ¡no solo lo supones! Es que lo afirmas rotundamente con una actitud de desprecio que solo muestra que ¡no me conoces de nada!.
A esa persona le cuidan enfermeras, auxiliares y médicos como Tú. Han estudiado como Tú, y han buscado trabajo y un futuro como Tú. La única diferencia es que no trabajan en un hospital, trabajan en una Residencia. Realmente ¿crees que por eso hacen peor que Tú su trabajo? ¿O que por trabajar en una residencia trabajan peor? Pues ¡estás muy equivocado! Las personas que trabajamos en una Residencia tenemos algo especial que evidentemente Tú no tienes. Desde mi experiencia, los profesionales que trabajan en residencias son personas que dan más que reciben, que sonríen a los residentes aunque tengan problemas, que les acarician, les escuchan y abrazan. Dan lo mejor de ellos hasta que un día nos dejan, y ese día, es un día triste para todos. 
Y ¿sabes qué deberías hacer Tú? En primer lugar ofrecer esa misma sonrisa a esas personas que acaban de llegar al hospital. Transmitirles que se encuentran en buenas manos y que vas a ayudarles. Y algo muy importante....... ser profesional y no dar por supuestas determinadas cosas. No le grites, porque todas las personas mayores no están sordas, no des por supuesto que te entiende, quizá sufra deterioro cognitivo y no te entienda, y si te dice que duele........ no cuestiones, ¡le duele! 
Y ¿sabes qué? Nadie está preparado para vivir ni para ingresar a un familiar en una Residencia, pero hay ocasiones en las que no hay más remedio. Si conocieses las circunstancias personales de muchas familias, seguro que te sorprendería, igual que si nos conocieses a nosotros, seguro que te sorprenderíamos. 
Te pido Por favor, que no juzgues lo que no conoces. 

Yo no te juzgo a ti.

lunes, 15 de junio de 2015

¿Residencias de la tercera o de la cuarta edad?

Es curioso cuando te das una vuelta por algunas residencias de la llamada tercera edad y observas la media de edad de los residentes. 90, 95, 98….. Observas que estas edades son las habituales en este tipo de centros, y ya no porque esas personas lleven 10 años viviendo allí, sino porque es el nuevo perfil del usuario de residencia.

Esta generación de nonagenarios, que pasaron tanto una guerra como una postguerra, son puros supervivientes. Aquí si se hace gala de la llamada “selección natural”. Los que sobrevivieron son genéticamente “los mejores”. Pero esta generación ha aumentado considerablemente su longevidad. Con 80 años estas personas ya eran mayores, pero la mayoría continuaban siendo independientes. Pero, ¿qué ocurre a los 10 años? ¿Y a los 20? Pues que acaban siendo dependientes en cierto modo, ya no por una patología concreta, sino por pequeños deterioros cognitivos, porque el aumento del riesgo de caída, de desnutrición, de deshidratación,…. Y ¿qué ocurre entonces? Pues que sus hijos ya no están para cuidarles. Sus hijos tienen alrededor de 70 años, ellos sí que presentan diversas patologías que les impide ofrecer los cuidados necesarios a personas de edad tan avanzada, y para más inri, además son los cuidadores de los nietos.

Veamos un ejemplo del perfil que podría tener cualquiera de las personas de las que estamos hablando:

Nombre: Manuel. 
Edad: 97 años. 
Patología: artrosis, movilidad reducida con alto riesgo de caída. 
HijosMaría 72 años. Operada de las dos rodillas. Su marido sufre  alzheimer. Cuida de sus dos nietas. Pepe 75 años. Diabético, problemas de visión. Su mujer cuida a 4 nietos, uno de ellos vive continuamente con ellos tras la separación de su hija. Juan 70 años. Vive fuera. No se puede hacer cargo. 
Vivienda:  hasta los 85 años estuvo viviendo solo en su casa en un pueblecito castellano, después pasó a vivir con sus hijos 12 años.

Su hija María nunca pensó delegar su función como hija en otras personas, ella sabe que no puede hacerlo, y tampoco puede obligar a sus hermanos. Siente culpabilidad. A final toma la decisión de ingresar a su padre en un centro. Teme los comentarios del resto de la familia, sabe que no van a entender que ella como hija no siga cuidando a su padre. Pepe y Juan apoyan la decisión de su hermana.

María intenta visitar todos los días a ver a su padre. Ya conoce a todo el personal del centro y se siente en familia. Cuando llega, su padre se alegra de verle, y juntos salen a la calle dar un pequeño paseo.

No puede librarse de ese sentimiento de culpa que le incomoda y que le aparece cada dos por tres, pero en el fondo sabe que ha tomado la mejor decisión. Intenta decirse a ella misma que su padre no está abandonado, que tanto ella como sus hermanos le visitan casi a diario, están pendientes de sus necesidades, pero no a costa de su propia salud.

Ahora, los hijos de Manuel le ofrecen a su padre tiempo, cariño y paciencia. Y del resto de sus necesidades: duchas, aseo en general, alimentación, medicación, etc. se ocupan profesionales. 

miércoles, 7 de marzo de 2012

LA LEY DE LA DEPENDENCIA 39/2006

Según la Ley de Dependencia 39/2006, una persona está en situación de dependencia cuando necesita atención de terceras personas u otras ayudas para realizar tareas de la vida diaria, como las que se refieren al cuidado personal, las actividades domésticas básicas, la movilidad esencial, etc.



Requisitos

Para poder beneficiarse de la ley de dependencia es necesario cumplir tres requisitos:
  • Tener nacionalidad española.
  • Residir en territorio español al menos cinco años antes de solicitar la ayuda.
  • Ser declarado dependiente por alguno de los órganos de las Comunidades Autónomas.
Pasos a seguir para solicitar las prestaciones

Para poder comenzar a percibir las prestaciones de la Ley de Dependencia, se deberá presentar una solicitud de valoración de la dependencia en el Centro de Servicios Sociales de cada localidad. El encargado de evaluar dichas solicitudes es el órgano de valoración de la dependencia, formado por profesionales sociales y sanitarios. Una vez evaluada la persona dependiente, el órgano de valoración emitirá una resolución en la que constará el nivel y el grado de dependencia del solicitante así como los servicios y prestaciones que le corresponden. A partir de este momento se establecerá un Programa Individual de Atención para la persona solicitante.

¿Cómo se establece el nivel de dependencia de una persona?

Para medir el nivel de dependencia de una persona se ha publicado un baremo que mide la incapacidad o dificultad de la persona para realizar en su entorno habitual las actividades de la vida diaria y el grado de apoyo que necesita para realizarla. Estas actividades son:
  • Comer y beber
  • Regulación de la micción y la defecación
  • Lavarse
  • Otros cuidados personales
  • Vestirse
  • Mantenimiento de la salud
  • Transferencias corporales
  • Desplazarse dentro y fuera del hogar
  • Tomar decisiones
El baremo fija una puntuación máxima para cada una de las actividades. Cuanto mayor sea la puntuación obtenida en este baremo, mayor será el grado de dependencia obtenida. El máximo que puede otorgar el baremo son cien puntos.

NIVELES DE DEPENDENCIA ESTABLECIDOS POR LA LEY

Para determinar el nivel de dependencia que tiene una persona, se establecen tres grados, dependiendo de la autonomía que tenga la persona:

Dependencia Moderada: cuando la persona necesita ayuda para realizar varias actividades básicas de la vida diaria al menos una vez al día, o tiene necesidades de apoyo intermitente.
Dependencia Severa: se establece este grado de dependencia cuando la persona necesita ayuda para realizar varias actividades de la vida diaria, pero no requiere el apoyo constante de un cuidador.
Dependencia Grave: es el mayor grado de dependencia, y se refiere a la situación en la que la persona necesita, por su pérdida total de autonomía física, mental, intelectual o sensorial, el apoyo indispensable y continuo de otra persona.

Dentro de cada uno de los grados existen dos niveles, en función de la autonomía de la persona y de la intensidad del cuidado que requieren. El grado o nivel de dependencia será revisable cuando haya mejoría o empeoramiento de la situación de dependencia, por error del diagnóstico o en la aplicación del baremo.

PRESTACIONES Y SERVICIOS QUE OFRECE LA LEY

La Ley de Dependencia establece que las prestaciones pueden tener naturaleza de servicios o de prestaciones económicas. Independientemente de su naturaleza, estas actuaciones pueden ir destinadas a promocionar la autonomía personal o a atender las necesidades de las personas con dificultades para facilitarles las actividades de la vida diaria.

Las personas con dependencia que cumplan los requisitos de la ley 39/2006 podrán beneficiarse de alguna de estas prestaciones y/o servicios, dependiendo del grado:
  • Las Redes de Servicios Sociales de las Comunidades Autónomas ofrecerán una serie de servicios mediante centros públicos o privados concertados.
  • Si la atención mediante el servicio no fuera posible, la persona con dependencia podría recibir una prestación económica de carácter periódico. Esta prestación económica deberá estar destinada a la adquisición de un servicio necesario adecuado para las características de la persona beneficiaria.
  • Excepcionalmente se podrá percibir una prestación económica para ser atendido por cuidadores no profesionales, como podría ser el caso de los familiares.
Los servicios que contempla la ley son los siguientes:
  • Servicios para la prevención de la dependencia.
  • Servicio de Teleasistencia.
  • Servicio de ayuda en domicilio, entre lo que se incluye el servicio de atención a las necesidades del hogar y el de los cuidados personales de la persona dependiente.
  • Servicio de Centro de Día y de Noche.
  • Servicio de Atención Residencial, que incluye el servicio de residencias para personas mayores en situación de dependencia y centros de atención a personas en situación de dependencia.
En cuanto a las prestaciones económicas:
  • Existe una prestación económica para los cuidados en el entorno familiar y el apoyo a los cuidadores no profesionales, que excepcionalmente recibirá el dependiente, en aquellos casos en que la persona dependiente sea atendida por su entorno familiar y se den unas condiciones adecuadas de habitabilidad y convivencia.
  • La prestación económica de asistencia personal, tiene como objetivo la contratación de una asistencia personal que facilite al beneficiario a una vida más autónoma en el ejercicio de las actividades básicas de la vida diaria.
Una vez concedidas, estas prestaciones pueden modificarse o desaparecer. Las causas pueden ser que haya cambiado la situación del solicitante, que los requisitos de la ley hayan cambiado, o porque el usuario haya incumplido las obligaciones que marca la ley.

viernes, 10 de febrero de 2012

Carta de una madre a su hija

Mi querida hija, el día que me veas vieja, te pido por favor que tengas paciencia, pero sobre todo, trata de entenderme mi querida hija...
Si cuando hablo contigo, repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste”, solamente escúchame por favor...
Y recuerda los tiempos en que tú eras niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche hasta que te quedabas dormida...
Cuando no me quiera bañar, no me regañes y por favor no trates de avergonzarme, solamente recuerda las veces que yo tuve que perseguirte con miles de excusas para que te bañaras cuando eras niña...
Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, y por favor no hagas esos ojos ni esas caras de desesperada...
Recuerda mi querida, que yo te enseñé a hacer muchas cosas como comer apropiadamente... vestirte y peinarte por ti misma y como confrontar y lidiar con la vida...
El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor mi querida hija, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme...
Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar... y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante... Solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo y que me escuches...
Y cuando mis cansadas y viejas piernas, no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primero pasos...
Cuando estos días vengan, no te debes sentir triste o incompetente de verme así, sólo te pido que estés conmigo, que trates de entenderme y ayudarme mientras llego al final de mi vida con amor...
Y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida, que tuvimos la dicha de compartir juntas, te lo agradeceré...
Con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, sólo quiero decirte que te amo, mi querida hija...
TU MADRE

lunes, 6 de febrero de 2012

El cuidador de una persona dependiente. El estrés del cuidador


El cuidado de un familiar que depende de nosotros, puede ser una tarea muy satisfactoria. Pero también es cierto que puede ser una labor solitaria e ingrata. De hecho, en muchos casos el cuidador siente al mismo tiempo una mezcla de sentimientos positivos y negativos.
En muchas ocasiones, los cuidadores descubren que poseen unas cualidades que antes desconocían que las tenían. Dedicarse al cuidado de una persona dependiente, les ayuda a crecer como personas y a valorar aspectos de la vida que antes ni reparaban en ellos.
Cuidar a una persona dependiente, es una tarea complicada que además genera una cantidad importante de estrés, lo que viene a llamarse “estrés en el cuidador”.
El hecho de cuidar, conlleva una sobrecarga emocional y física, así como costes personales, ya que este hecho afecta a la vida personal de la persona en cuanto al área laboral, personal, de salud, de ocio y tiempo libre, etc.
El cuidador día a día soporta problemas físicos, emocionales y repercusiones en varios aspectos de su vida que acaban afectando a su vida familiar.
Debido a que las vidas de los cuidadores giran en torno a la satisfacción de las necesidades de su familiar, muchos suelen dejar sus propias vidas en un segundo plano. Esta situación, provoca que las tensiones y el malestar que experimentan muchos cuidadores, provenga pues, del hecho de que se olvidan de sus propias necesidades en beneficio de las de su familiar.
Por otra parte, a consecuencia de aparecer la situación del cuidado del familiar, pueden surgir conflictos y tensiones en la familia. Puede crearlas por ejemplo el hecho de la toma decisiones como plantearse una residencia, tipo de cuidados, y cualquier decisión al respecto. También cuando se plantea qué persona de la familia es la que debiera por una u otra razón hacerse responsable del cuidado de este, o cuando la persona que asume este cuidado principal considera que el resto de la familia no valora su esfuerzo, o no comparte sus sentimientos.
En cuanto a las relaciones familiares, considerando al cónyuge y a los hijos, además de limitar el tiempo con ellos, generalmente el cuidador llega a casa cansado física y psicológicamente, además de irascible, con sentimientos de tristeza, de impotencia, evidentemente no  trata con la misma paciencia y dedicación a la familia. Por lo que tanto el cónyuge como los hijos pueden reclamar esta falta de atención y de este modo, crear conflictos e incrementar aún más el “estrés del cuidador”.
En su salud física. Si durante mucho tiempo se está cuidando de la persona dependiente, se mantiene un nivel elevado de estrés, lo cual acaba repercutiendo en la salud de la persona. Aparecen por lo tanto síntomas asociados a la ansiedad como dolores musculares, dolores cervicales, lumbares, insomnio, irritabilidad, cefaleas, problemas digestivos, etc.
A nivel emocional, el cuidador puede llegar a tener sentimientos contrarios. Por un lado se siente bien por poder cuidar a su familiar, pero por otro siente rabia de la obligación en la que se ha transformado, ya que puede llegar a sentir que la dirección de su vida no le pertenece. Puede llegar incluso a culpabilizar a la persona dependiente de los problemas con su cónyuge o hijos. Por lo que pueden surgir sentimientos de culpabilidad,  de miedo, o incluso de rechazo.
A nivel laboral también pueden surgir problemas por el absentismo o por bajo rendimiento, o por la culpabilidad de no poder atender debidamente al familiar.
Pueden incluso surgir problemas económicos al reducir una jornada laboral, o al aumentar los gastos por el cuidado, o de adaptación de la vivienda, ayudas técnicas, grúas, etc.
También puede comenzar un alejamiento de las actividades lúdicas y de ocio, con el consiguiente aislamiento social y sentimientos de soledad.
Es importante estar pendiente de este tipo de sentimientos que van surgiendo a lo largo del tiempo. Hay que velar para que no se alarguen demasiado en el tiempo, ya que las consecuencias podrían llegar a hacerse irreversibles.
Por tanto, hay que aprender a cuidarse como cuidador. No podemos dejar que el hecho de cuidar a la persona dependiente acabe con nuestra salud, ya que dejaremos de poder continuar cuidándole como nos gustaría. Por tanto, sería interesante seguir una serie de consejos:
1.    Pedir ayuda. Nunca hay que esperar a no poder más ni a que de repente venga nadie a ayudarnos. Hay que pedir ayuda y explicar el tipo de ayuda que necesitamos. Es conveniente hablar con los servicios sociales para informarnos así mismo de los recursos a los que podemos acudir para ayudarnos en los cuidados.
2.    Llevar vida sana. Es importante dormir lo suficiente, hacer ejercicio con regularidad, no aislarse, mantener la relación con los amigos y familiares, mantener un determinado tiempo al día para uno mismo, salir de casa, mantener aficiones y pensar en el resto de la familia para no descuidarlos.
3.    Organización del tiempo. Hay que repartir el tiempo para poder tener tiempo para mí como cuidador, tengo que sacar tiempo para descansar, relajarme, estar con mis amigos y mi familia, etc.
4.    No asumir más de lo que se puede. Todos tenemos un límite, y no hay que sobrepasarlo. De este modo no queremos más a nuestro familiar.

ORIENTACIONES PARA EL CUIDADOR:
Si tú como cuidador necesitas descansar por la noche porque tu familiar te demanda mucha atención y no te deja descansar, llegas agotado al trabajo, sientes que no rindes, y al salir, vuelves inmediatamente a tu tarea de cuidador y así día tras día sintiéndote totalmente agotado, no debes seguir así, y debes plantearte opciones, seguro que tienes varias: hacer turnos de noche con otros familiares, buscar un centro de noche, o un cuidador que vaya a casa durante la noche, de este modo podrás irte tranquilamente a casa para descansar. Tu cuerpo y tu familia lo agradecerán enormemente.
Si apenas ves a tu cónyuge y a tus hijos, porque continuamente estás acompañando a tu familiar, también dispones de varias opciones: buscar un centro de día o una residencia para que tu familiar pase los fines de semana, para que de este modo puedas dedicárselos exclusivamente a la familia.
En caso de que estés todo el día con tu familiar y no dispongas de tiempo para ti, tienes la opción del centro de día, donde tu familiar puede estar desde unas pocas horas, a todo el día (ver post centro de día), y mientras tanto puedes dedicarte unas pocas horas a ti, a hacer ejercicio, a trabajar, a descansar, o a mantener algún tipo de hobbie. Porque además el personal del centro de día puede realizar de forma sencilla actividades que para ti resultan muy complicadas, como son la ducha, curas de úlceras, etc.
Y nunca olvidar la opción de la residencia (ver post de la residencia), donde van a cuidar perfectamente de tu familiar, puedes continuar visitándolo diariamente.
Si quieres cuidar de tu familiar, lo primero deberás cuidar de tu salud y no olvidar pedir ayuda.  Llegar al agotamiento físico y mental no significa hacer lo mejor para tu familiar. 

jueves, 26 de enero de 2012

"Residencia" versus "Sentimientos Familiares"

…….El ingresar a uno de tus mayores en una residencia, es duro…. Muy duro, tanto para ese ser querido, como para aquel que toma la difícil decisión. Hay que luchar tus propios sentimientos. Hay que ser fuerte ante los ojos que te miran implorantes, y hay que hacer oídos sordos ante aquellos que te dicen: “yo jamás lo abandonaría en una residencia” (esto es duro, es una puñalada trapera). Desde mi experiencia como familiar, aprendí dos cosas fundamentales: A CONFIAR Y A DESCONECTAR. Hay que confiar en el centro y sus cuidadores eso es importantísimo. Una vez se consigue esa confianza, hay que desconectar: cuando se sale por la puerta del centro, tras la visita, hay que vivir tu propia vida, y si ocurre algo, ya te llamarán. Los cuidadores JAMAS, van a suplir el amor que se les tiene como hijos, pero SI les van a dar UN CARIÑO que perciben estas personas que de repente vuelven a una infancia ya dejada hace décadas. Como dicen en la película “Y tú quien eres” (Antonio Mercero), “la afectividad, es el único lazo que les une a la vida”. Jamás me arrepentí de mi decisión, y fue uno de los momentos más duros que he vivido hasta ahora, incluso mucho más duro que el día que falleció. Creo, rectifico, estoy convencida, que los profesionales de la geriatría, están hechos de una pasta especial…… PILAR PONS (familiar)
Cuando vi el comentario que Pilar hizo respecto al post que publiqué sobre la Residencia, consideré que era la forma perfecta de introducir el tema de los sentimientos familiares que surgen al ingresar a un ser querido en una residencia, ya que Pilar, como protagonista de una historia real, nos cuenta su experiencia desde el corazón.
Por mi trabajo, diariamente veo a personas que acuden a la residencia con la intención de ingresar a su familiar. Son miles las razones que les llevan a tomar esta complicada decisión, pero generalmente, suele ser por necesidad. Llegados a este punto, los familiares por regla general, ya han pasado por varias fases, y éste es el último paso que les faltaba por dar. Es muy posible que la idea de ingresar a su padre o a su madre en una residencia, fuese una opción que nunca anteriormente se hubiesen planteado, incluso si unos meses antes alguien les hubiese planteado la opción de una residencia, les habría producido total perplejidad.
Pero llegado el momento, un día dejan a su padre o madre en el centro, los familiares se despiden cariñosamente de él y a continuación le dan la espalda saliendo por la puerta del centro. En ese mismo momento, es conmovedor ver la expresión de dolor en sus caras, y la angustia con la que se van. Se trata de una mezcla de dolor, pena, miedo y culpabilidad.
Dolor por no estar preparados para tomar una decisión tan dura, pena de sentir que abandonan a su familiar con personas desconocidas, en un lugar desconocido, miedo de haber tomado la decisión equivocada, miedo a no haber elegido el centro adecuado, miedo a que ocurra un accidente, miedo a que el familiar no apruebe la decisión, y lo peor, la culpabilidad…. “culpabilidad de no cuidar yo mismo de mi familiar”.
En ocasiones, esta angustia también viene desencadenada por sentirse arrastrado por una decisión que ha sido tomada por consenso familiar. A veces, son varios los hermanos y están todos de acuerdo con la decisión del ingreso, todos…. excepto uno, que con resignación acepta la decisión que ha tomado la mayoría. Sin embargo, este rechazo, este asumir la decisión del resto, es el que le va a crear toda la angustia a la que anteriormente me refería.
Este hermano nunca va a entender al resto, nunca va a encontrar un desahogo compartiendo sus sentimientos con el resto de sus hermanos, nunca va a sentirse comprendido por ellos, y nunca va a compartir la decisión que se ha tomado.
Hay personas que poco a poco, conforme van confiando en el centro y en su equipo de trabajo, conforme van observando que su familiar se integra y se siente bien donde está, e incluso tiene mejor aspecto, y conforme estas personas se van sintiendo más descansadas que antes de que ingresase en la residencia, conforme va rehaciendo la vida que estaba comenzando a quebrarse, a recobrar su tiempo personal, etc. poco a poco se va a desprender de la pesada cadena que es la culpabilidad.
Sin embargo, otras personas, generalmente por la falta de adaptación o de convencimiento a esta nueva situación, por su carácter, o por el tipo de lazo de unión con su familiar, va a llevar colgado el peso de esta cadena hasta el final.
¿Qué es lo que debe hacer en estos casos?
Para toda persona con sentimientos, ingresar a un familiar en un centro residencial es duro, y es inevitable que surjan los sentimientos negativos. Pero como antes he mencionado, poco a poco estos sentimientos deben ir desapareciendo.
Para poder ayudarnos, lo primero es confiar en el centro, para ello, hay que conocerlo desde dentro, convivir con nuestro familiar dentro de él. Hay que conocer la parte humana del centro, su estructura, sus trabajadores, conocer su forma de trabajar, sus cualidades y errores, convivir con el resto de usuarios, valorar como viven y como lo conciben. Conforme vayamos integrándonos en el centro, iremos aumentando nuestra confianza en él.
Por otra parte, es importante confiar a alguien nuestros sentimientos, nuestros miedos. En caso de no existir esta persona, sería interesante buscar un grupo de ayuda o incluso un profesional de la psicología. Seguro que el centro existe uno y está encantado de poder ayudar a quien lo necesite.
En caso de que nuestros sentimientos negativos se alarguen excesivamente en el tiempo, y se conviertan en algo obsesivo que está perjudicando nuestra vida social o familiar, en este caso deberemos buscar ayuda profesional.
En el momento que sintamos que el centro le está dando a nuestro familiar todo lo que nosotros no podemos, ya sea por falta de tiempo, de espacio o de conocimientos médicos; en el momento que vayamos a visitar a nuestro familiar con alegría y satisfacción, y conforme consideremos que la decisión de ingresar a nuestro familiar en el centro ha sido la mejor opción posible….. ¡Habremos conseguido superar nuestros sentimientos, ser objetivos y adaptarnos a la nueva situación!.

domingo, 22 de enero de 2012

¿Alzheimer? ¿Eso es lo que tiene mi madre?


Durante años, todos los domingos mis hermanos y yo hemos ido a comer a casa de mis padres, pero desde hace 4 o 5 años vienen todos a mi casa. Dejamos de ir cuando mi padre nos dijo que mamá ya no estaba “para esos jaleos”. Nos comentaba que se liaba mucho en la cocina, llegaba a confundir el azúcar y la sal, olvidaba comida al fuego, acumulaba comida en mal estado, etc. Además estaba muy rara, se enfadaba con gran facilidad, e incluso llegaba a decirle a mi padre que le engañaba con alguna vecina.
Le dijimos a mi padre que la llevase a su doctora del ambulatorio para comentárselo. Esta les dijo que era probablemente demencia senil, y que con su edad era normal.
Yo no entiendo de estas cosas, pero mi madre tiene 80 años, no recuerda el nombre de mis hijos, nos confunde a mi hermano Paco y a mí, e incluso a papá ha llegado a confundirlo con mi abuelo fallecido.
Pasa mucho tiempo adormilada por el día, pero por la noche es una fiesta. Mi padre está agotado, no le deja descansar. Hace unos días incluso se cayó de la cama.
Al final decidí llevarla a un especialista, así que acompañé a ambos al neurólogo. Este le hizo unas pruebas, primero unas preguntas, y le pidió una analítica y un TAC. Cuando fuimos a ver los resultados, nos dijo que era muy probable que tuviese ALZHEIMER. ¡El mundo se derrumbó ante mis pies!.....
Todos hemos oído hablar del Alzheimer en particular y de las demencias en general, pero lo vemos un poco lejos, realmente no conocemos el drama tan grande al que puede llevar a una familia. Es por lo que se define al Alzheimer como “una enfermedad que golpea el cerebro del enfermo y el corazón de la familia”.
En primer lugar tenemos poca información sobre sus síntomas, sobre su evolución, sobre su tratamiento…. Por todo ello, mi intención en este post es hacer un breve resumen de la enfermedad y sus consecuencias. Si alguien desea más información, puede ponerse en contacto conmigo y estaré encantada de poder profundizar un poco más en algún tema en concreto.
Para comenzar, me gustaría clarificar el término DEMENCIA. La demencia es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la Clasificación Internacional de las enfermedades. Décima Edición (CIE_10, 1992), “como un síndrome debido a una enfermedad del cerebro, generalmente de naturaleza crónica o progresiva, en la que hay déficits de múltiples funciones corticales superiores… que repercuten en la actividad cotidiana del enfermo”.
Decir síndrome, significa que no es una enfermedad propia, sino un cúmulo de síntomas que la definen como tal. Y en consecuencia, son varias las enfermedades que pueden provocar demencia. Entre ellas está la Enfermedad de Alzheimer (EA), pero también hay otras, como las enfermedades vasculares, enfermedades infecciosas (sida, sífilis, encefalitis, etc.), lesiones por traumatismos en la cabeza, un tumor cerebral, enfermedades neurológicas como el Parkinson, la enfermedad de Hungtinton,  hidrocefalia, trastornos psiquiátricos, tóxicos, metabólicos, etc.
Todas las demencias provocan el deterioro de las funciones corticales superiores en el enfermo, como son la memoria, el entendimiento, el juicio, el habla, el cálculo, el pensamiento, la orientación, etc. Todas estas funciones no se deterioran de forma uniforme, ni de forma continua y progresiva, esto dependerá de qué enfermedad provoque la demencia, del propio individuo, etc.
Dado que la Enfermedad de Alzheimer (EA) es la más frecuente, es la que más llega a nuestros oídos. La EA Es una enfermedad irreversible, que de forma insidiosa va mermando las capacidades intelectuales de los enfermos.
Uno de los primeros síntomas que observamos en un enfermo de Alzheimer es el trastorno de la memoria: ¿dónde he dejado las llaves, ¿tú quien eres?... y el trastorno de la conducta (alteración del sueño, en el carácter, celos, alteraciones en la higiene, depresión,…).
Es muy importante realizar un diagnóstico diferencial de la enfermedad, ya que existen circunstancias que pueden confundir, por ejemplo el olvido senil benigno, enfermedades reversibles como infecciones, incluso la depresión.
No existe ninguna prueba o test que permita hacer un diagnóstico definitivo de la EA. El diagnóstico de la EA es clínico, por lo que la anamnesis y el examen neurológico y neuropsicológico constituyen la mejor herramienta diagnóstica.
Los 10 signos de alarma de la enfermedad de Alzheimer: (Alzheimer Association)
-       Pérdida de memoria que afecta a la capacidad laboral
-       Dificultad para llevar a cabo tareas familiares
-       Problemas con el lenguaje
-       Desorientación en tiempo y en lugar
-       Juicio pobre o disminuido
-       Problemas con el pensamiento abstracto
-       Cosas colocadas en lugares erróneos
-       Cambios en el humor o en el comportamiento
-       Cambios en la personalidad
-       Pérdida de iniciativa
En cuanto al tratamiento, este debe ir dirigido a actuar sobre los síntomas cognitivos y conductuales. Para ello es necesario el tratamiento farmacológico (fármacos que van a intentar retrasar el deterioro, recuperar funciones perdidas o al menos mantenerlas, y mejorar la calidad de vida) y el no farmacológico (rehabilitación cognitiva).
El enfermo va pasar por varias fases, cada una va a necesitar una atención diferente,   por lo que nosotros, como familiares, vamos a tener que estar preparados, informados y siempre contar con la ayuda de profesionales especializados que nos ayudarán tanto a nivel personal como profesional. Sería interesante comenzar a ver qué ayudas sociales podemos optar, los temas legales, conocer algún centro de día especializado, familiares o cuidadores con los que podemos contar. En este caso, las asociaciones de familiares de enfermos de alzheimer nos van a resultar muy útiles, ya que nos van a poder informar acerca de todos estos temas.
Por otra parte, si deseáis ampliar información acerca de la enfermedad, os aconsejo que echéis un vistazo a esta página:         http://www.hipocampo.org/alzheimer.asp